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domingo, 25 de marzo de 2012

PROXIMA 13 / Editorial


La expresión en inglés para “enamorarse” es to fall in love, cuya traducción literal podría ser: “caer(se) en el amor”. Ser arrastrado por una fuerza tan indiscutible como la gravedad.

En Imago, el tercer libro de la saga de Xenogénesis, uno de los personajes de Octavia Butler dice:“Era como si una parte de mí, largo tiempo amodorrada, largo tiempo fuera de mi alcance, hubiese regresado ahora y, en mi incrédula bienvenida, ya sólo fuese capaz de sumergirme en ella”.

Esa pulsión por buscarnos en el otro y a la vez alimentarnos de lo que tiene de diferente, por unirnos y reinventarnos, por consumirnos y construirnos de nuevo, ajustándonos a su deseo, ajustándolo al nuestro, queriendo entregarnos y a la vez ser libres, queriendo devorar y ser devorados, en un gozoso combate que desearíamos continúe por siempre…

Bajo su influjo, somos como exploradores en tierra extraña, como militantes de un elusivo misterio en una aventura siempre renovada, con la curiosidad siempre a flor de piel, reelaborando símbolos, ideando códigos, construyendo significados para una lengua nueva, por caminos que a menudo mezclan alegría y angustia en extrañas proporciones.

Y somos frágiles. Pero nos sentimos más fuertes y capaces que nunca.

La mirada de aquel al que amamos parece darnos entidad, confirmar nuestra existencia.

En las muchas formas del amor, el vínculo se reinventa, se aparta de los convencionalismos, sigue sus propias normas, se alimenta de la complejidad de las emociones, y se apresta a vencer las tormentas que lo quieran abatir.

Porque a veces se trata de nada menos que eso, de sobrevivir.

Pensar que, allá lejos en el tiempo, al principio de todo, las diferencias parecían tan grandes, parecía tan improbable llegar a algo, y sin embargo…

Cada día se me hace más claro que el universo nos cría y el viento nos amontona, pero no lo hace sin sentido. Es como estar vibrando en las mismas frecuencias, atraernos hacia una sensibilidad en común. Y, por fin, encontrarnos.

Vernos.

¿Cuánto de eso es química, en el sentido más literal del término? ¿Cuánto obedece a feromonas y neurotransmisores? ¿Cuánto es animalidad y cuánto, construcción intelectual? ¿Cuánto de armar una pareja o una relación depende de dinámicas sociales que nos han inculcado o que arrastramos en nuestra memoria genética?

De algún modo, cuando protagonizamos este milagro, tales preguntas se vuelven triviales.

Porque lo importante es lo que este sentimiento nos hace, cómo nos cambia y nos reafirma, y el modo en el que se manifiesta en nuestras acciones.

Con este número estamos entrando en el cuarto año de PROXIMA, de esta revista que es también reflejo y fruto del amor, del amor que los artistas, escritores e ilustradores, han puesto en cada una de sus creaciones, del amor de los lectores que realmente se han involucrado con el proyecto y lo han seguido y apoyado, y del amor de quienes la han hecho posible, lidiando con la realidades del mundo, protegiendo e incentivando este sueño para que pudiera convertirse en realidad, crecer y sostenerse hasta hoy.

Sin ustedes, y principalmente sin vos, nada de esto hubiera sido posible. Gracias.

Laura Ponce

2 comentarios:

Juan Baio

muy buena editorial. ¡gracias!

M.C.

Genial!!!!!

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